LAS PERAS DEL OLMO, DE OCTAVIO PAZ – EJEMPLO DE COMENTARIO DE TEXTO (RESUELTO)

octavio-paz

UNIVERSIDADES PÚBLICAS DE LA COMUNIDAD DE MADRID
PRUEBA DE ACCESO A LAS ENSEÑANZAS UNIVERSITARIAS
OFICIALES DE GRADO
Curso 2012-2013

OPCIÓN A

En una cárcel de su pueblo natal, Orihuela, ha muerto Miguel Hernández. Ha muerto solo, en una España hostil, enemiga de la España en que vivió su juventud, adversaria de la España que soñó su generosidad. Que otros maldigan a sus victimarios; que otros analicen y estudien su poesía. Yo quiero recordarlo.

Lo conocí cantando canciones populares españolas, en 1937. Poseía voz de bajo, un poco cerril, un poco animal inocente: sonaba a campo, a eco grave repetido por los valles, a piedra cayendo en un barranco. Tenía ojos oscuros de avellano, limpios, sin nada retorcido o intelectual; la boca, como las manos y el corazón, era grande y, como ellos, simple y jugosa, hecha de barro por unas manos puras y torpes; de mediana estatura, más bien robusto, era ágil, con la agilidad reposada de la sangre y los músculos, con la gravedad ágil de lo terrestre: se veía que era más prójimo de los potros serios y de los novillos melancólicos que de aquellos atormentados intelectuales compañeros suyos; llevaba la cabeza casi rapada y usaba pantalones de pana y alpargatas: parecía un soldado o un campesino. En aquella sala de un hotel de Valencia, llena de humo, de vanidad y, también, de pasión verdadera, Miguel Hernández cantaba con su voz de bajo y su cantar era como si todos los árboles cantaran. Como si un solo árbol, el árbol de una España naciente y milenaria, empezara a cantar de nuevo sus canciones. Ni chopo, ni olivo, ni encina, ni manzano, ni naranjo, sino todos ellos juntos, fundidas sus savias, sus aromas y sus hojas en ese árbol de carne y voz. Imposible recordarlo con palabras; más que en la memoria, “en el sabor del tiempo queda escrito”.

Después lo oí recitar poemas de amor y de guerra. A través de los versos –y no sabría decir ahora cómo eran o qué decían esos versos–, como a través de una cortina de luz lujosa, se oía mugir y gemir, se oía agonizar a un animal tierno y poderoso, un toro quizá, muerto en la tarde, alzando los ojos asombrados hacia unos impasibles espectadores de humo. Y ya no quisiera recordarlo más, ahora que tanto lo recuerdo. Sé que fuimos amigos; que caminamos por Madrid en ruinas y por Valencia, de noche, junto al mar o por las callejuelas intrincadas; sé que le gustaba trepar a los árboles y comer sandías, en tabernas de soldados; sé que después lo vi en París y que su presencia fue como una ráfaga de sol, de pan, en la ciudad negra. Lo recuerdo todo, pero no quisiera recordarlo…

(Octavio Paz, Las peras del olmo, 1957)

*    *    *

1. Haga un comentario de texto del fragmento que se propone contestando a las preguntas siguientes:

a) Enuncie el tema del texto (0,5 puntos).

El autor rememora melancólicamente la figura de Miguel Hernández desde el dolor producido por su pérdida.

b) Detalle sus características lingüísticas y estilísticas más sobresalientes (1,25 puntos).

En un primer acercamiento al texto, descubrimos un fragmento en prosa que hace una sentida descripción, cargada de poesía, de la figura de Miguel Hernández.
Las funciones del lenguaje preponderantes son, por un lado, la función poética, ya que el autor recrea un lenguaje lleno de belleza y figuras literarias; por otro lado la función expresiva, porque el autor no deja en ningún momento de expresar la pena por la pérdida del poeta español.

Desde el punto de vista léxico-semántico, podemos destacar la presencia del campo semántico de la guerra, en el que se engloban palabras como “hostil”, “enemiga”, “adversario”, “victimario” o “soldado”. Otro campo semántico que destaca en el texto es el del campo con palabras como “valles”, “barro”, “terrestre”, “campesino”, todos sustantivos con una valoración positiva que deducimos al estar acompañados de adjetivos como con connotaciones positivas como “melancólico”, “serio”, “limpios”.

En el plano sintáctico, podemos destacar que el texto está compuesto por oraciones simples en su mayoría, aunque se alargan estos enunciados mediante la rica adjetivación, propia de este tipo de textos, como en “más prójimo de los potros serios y de los novillos melancólicos”. También encontramos oraciones subordinadas sustantivas, con función de objeto directo, que ayudan al autor a expresarse con mayor claridad y detalle como en “sé que le gustaba trepar a los árboles” o en “sé que después lo vi en París”.

Desde el punto de vista morfológico, encontramos verbos en forma personal, conjugados en pretérito perfecto cuando la expresión se centra en Miguel Hernández, tratando de verlo en un pasado que ya no existe, como en “ha muerto Miguel Hernández”. En cambio, cuando quiere rememorarlo va a utilizar el pretérito imperfecto “tenía ojos oscuros de avellano”. Hay también una presencia abundante de construcciones con infinitivo, como en “no quisiera recordarlo”, “oí recitar”, “oí mugir y gemir”. En cuanto a los sustantivos, si nos referimos a los concretos, encontramos algunos referidos a la guerra, cargados de dolor, y otros referidos al campo, siempre con valores positivos; si nos fijamos en los sustantivos abstractos, percibimos que no hay demasiados (“generosidad” sería un ejemplo), debido a que Octavio Paz juega con el lenguaje contraponiendo sustantivos concretos con adjetivaciones inverosímiles que los llenan de poesía. La adjetivación es por tanto muy importante en este fragmento, pues nos sorprende, llevando la mayor carga de belleza del texto.

No podemos dejar de mencionar las figuras literarias más importantes que aparecen en el texto, y que nos hacen conscientes de que estamos ante un ejemplo de prosa poética. Algunas de estas figuras son, por ejemplo, el polisíndeton y la enumeración, como en “Ni chopo, ni olivo, ni encina, ni manzano, ni naranjo…”; la personificación, en “novillos melancólicos”; la sinestesia, en “ojos limpios”; la antítesis, como en “España milenaria y naciente”; los símiles y las metáforas, como en “un animal tierno y poderoso”; o los paralelismos: “sé que fuimos amigos”, “sé que después lo vi en París”.

En cuanto a la estructura externa, el texto está dividido en tres párrafos que marcan también la estructura interna, de tal modo que en el primer párrafo se nos anuncia la muerte del poeta y el ansia del recuerdo que le provoca al autor, en el segundo párrafo todo es descripción y recuerdo de la figura de Miguel Hernández y en el tercer y último párrafo el escritor acaba la descripción pero abruptamente, con la oración “pero no quisiera recordarlo…”, dándonos a entender que el recuerdo es tan doloroso que tiene que terminarlo.

c) Indique qué tipo de texto es (0,25 puntos).

Se trata de un texto humanístico, entre el ensayo y la autobiografía. La forma de elocución es la descripción, así, el autor va a empezar haciendo una prosopografía que va a desencadenar en la etopeya cargada de sentimentalidad.

2. Redacte un resumen del contenido del texto. (1 punto).

Octavio Paz recuerda a su amigo Miguel Hernández, y lo recuerda recitando poemas y reclamando el lugar que le corresponde por sus versos, destaca su procedencia humilde y anclada a la tierra y rememora los encuentros felices que pasaron juntos, encuentros que acabaron con la llegada de la guerra y la triste muerte de su amigo el poeta Miguel Hernández.

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