LA NOVELA ESPAÑOLA DE 1939 A 1974

Cela

TENDENCIAS, AUTORES Y OBRAS.

1. LA NOVELA EN EL EXILIO

La novela de finales de los años 30 (como la poesía) había tendido hacia la rehumanización y el compromiso social, tras abandonar la deshumanización de los años 20. En esta línea se encuentra la literatura de Ramón J. Sender, Max Aub, Francisco Ayala, Rosa Chacel, quienes al acabar la guerra marchan al exilio por su apoyo a la República. Su obra se realiza al margen de la literatura que se hace en España y, en general, tratan con insistencia sobre el tema de la guerra.

Max Aub: escribe en el exilio su gran ciclo narrativo sobre la Guerra Civil, la serie de los Campos: seis obras sobre la Guerra Civil y el exilio en los campos de concentración en Francia.

image002Francisco Ayala: en Diálogo de los muertos (1939) recuerda el final de la Guerra Civil; en Muertes de perro (1958) trata el tema de la dictadura en una imaginaria República hispanoamericana. De 1982 a 1988 publico sus memorias, con el título Recuerdos y olvidos.

Chacel_3Rosa Chacel: Memorias de Leticia Valle (1945) trata sobre el despertar erótico de una adolescente. En sus obras es constante el motivo de la memoria como una forma de recuperar la propia identidad vital.

senderRamón J. Sender: Una de sus obras más significativas es Réquiem por un campesino español (1953), en la que expone los problemas de conciencia de un cura que no había intentado evitar el asesinato de un campesino republicano. Muy conocida es también la serie Crónica del alba (1942-1966), compuesta por nueve novelas de sabor autobiográfico con el trasfondo histórico de España en las cuatro primeras décadas del siglo XX.

Arturo Barea: autor de la trilogía semiautobiográfica La forja de un rebelde, publicada en inglés entre 1941-1944, y en castellano, en Buenos Aires, en 1951. Es una trilogía compuesta por La forja, La ruta y La llama que narran, respectivamente, la infancia y primera juventud del autor en el Madrid de principios de siglo; sus primeros pinitos literarios y experiencias en la guerra de Marruecos, y, por último, la Guerra Civil española.

2.- LA NOVELA EN LOS AÑOS CUARENTA

En la inmediata posguerra, se hace evidente la ruptura de la natural evolución literaria. Así, la novela no puede enlazar con la narrativa social de los años 30, prohibida por el franquismo, ni parece válida la estética deshumanizada de los años 20. En ese panorama de desconcierto abundan tres tipos de narraciones, todas de estilo tradicional: ideológica, realista y humorística.

Hasta los años 50 no comienzan los indicios de renovación. En la década de 1940 sólo hay casos excepcionales y aislados, como Camilo José Cela, Carmen Laforet y Miguel Delibes. La familia de Pascual Duarte (1942), de Camilo José Cela, y Nada (1944), de Carmen Laforet (Premio Nadal), comparten el tono sombrío y existencial, que contrasta con el triunfalismo o la actitud evasiva, general en la novela de éxito de la inmediata posguerra. A estas nuevas voces se les unen poco después otras como la de Miguel Delibes (La sombra del ciprés es alargada) y Ana María Matute.

En general, estos novelistas coinciden en reflejar el desolado mundo de la posguerra desde una perspectiva pesimista y existencial; por eso abundan en sus narraciones los personajes desorientados, tristes y frustrados.

Camilo José Cela (1916-2002)

Pascual DuartePremio Nobel de Literatura en 1989, en 1942 publica La familia de Pascual Duarte, que provoca una polémica en torno al tremendismo (en la línea del esperpento de su paisano Valle-Inclán). Se le acusaba de deformar la realidad al subrayar lo más desagradable. El relato se centra en Pascual Duarte, un campesino extremeño condenado a muerte por una serie de asesinatos, entre ellos el de su madre.

En 1948 publica Viaje a la Alcarria, que él mismo definió como “libro de andar y ver”. El narrador se echa a andar por los pueblos de esta comarca de la provincia de Guadalajara, admirando su paisaje y hablando con sus gentes.

colmenaEn 1951 publica (en Buenos Aires) La colmena, que refleja la vida del Madrid de posguerra durante tres días de 1942. Unos trescientos personajes aparecen y desaparecen de las páginas de una novela sin desenlace. Los protagonistas son “los miles de hombres sin historia”. Todos viven sometidos a los problemas cotidianos y vencidos por la miseria y la desesperación, aislados en las celdillas de la inmensa colmena que simboliza la ciudad de Madrid. La Colmena se estructura en múltiples secuencias o viñetas, de longitud variable. En estas secuencias se salta de unos personajes a otros y de unos sitios a otros, de modo que asistimos a hechos que acaecen a veces de modo simultáneo en lugares distintos (técnica del “contrapunto”, que mezcla y alterna historias distintas que, a veces, suceden al mismo tiempo). La historia transcurre en poco más de dos días y los espacios son siempre los centros típicos de relaciones sociales de la época: cafés, casas de vecindad, burdeles, la calle.
Otras obras de Cela: San Camilo 1936 (1969), Oficio de tinieblas, 5 (1973), Mazurca para dos muertos (1987) y, la última, Madera de boj (1999).

Escena de la adaptación cinematográfica de La colmena, con cameo de Camilo José Cela:

Miguel Delibes (1920)

2200445_640pxAdemás de las novelas, es autor de libros de viajes y publicaciones dedicadas a sus aficiones de la caza y la pesca, a su amor por las tierras castellanas. En 1948 publica La sombra del ciprés es alargada, y en 1950, El camino, donde retrata con ojos infantiles la vida de un pueblo y sus gentes. En 1955 sale a la luz Diario de un cazador; en 1962, Las ratas, desolado cuadro de un misérrimo pueblo castellano.

Una de sus obras esenciales es Cinco horas con Mario, soliloquio de una mujer que dialoga imaginariamente con su marido la noche en que vela su cadáver, y que sirve para hacer un retrato de la vida en una capital de provincias. De 1981 es Los santos inocentes, donde aparece otra vez su preocupación por el mundo del campesinado, la desigualdad social, la explotación de los débiles, el recuerdo de la Guerra Civil. En 1998 publica El hereje, novela histórica en la que se reviven los años de la Inquisición en Valladolid.

Trailer de la adaptación cinematográfica de Los santos inocentes, de Miguel Delibes:

3. LA NOVELA EN LOS AÑOS CINCUENTA.

Para muchos, La colmena, de Cela, publicada en 1951, es un precedente de la novela social. En ella, con más o menos realismo, aparece reflejada la sociedad del momento (la de la inmediata posguerra). Pero es hacia mediados del decenio cuando se dan a conocer toda una serie de escritores que, con una intención crítica, van a llevar a sus novelas como temas fundamentales las injusticias y las desigualdades sociales. Como técnica narrativa, se recurre al objetivismo o behaviorismo: el narrador desaparece (se limita a unas escuetas informaciones referentes a lo que una cámara fotográfica podía registrar), no hay introspección ni pensamiento de los personajes y todo el relato se basa en el diálogo. A menudo; se emplea un lenguaje cercano al coloquial.

Se distinguen dos tendencias:

-El neorrealismo. Se centra en los problemas del hombre como ser individual (la soledad, la frustración…): sobresalen Ana Maria Matute, Ignacio Aldecoa, (El fulgor y la sangre), Rafael Sánchez Ferlosio (El Jarama, 1955;) y Carmen Martín Gaite (Entre visillos, 1957, retrato de la vida provinciana sin horizontes de unas jóvenes cuya única perspectiva es el matrimonio o la soltería).

RAFAEL SÁNCHEZ FERLOSIO JaramaEl Jarama es la crónica de un día de asueto dominical de un grupo de jóvenes junto al río madrileño del mismo nombre. Cerca de allí, hay un merendero en el que se reúnen gentes de más edad. Prácticamente desaparecido el narrador, la base de la obra la constituyen los intranscendentes diálogos de los personajes, reproducidos casi como la transcripción de una grabación magnetofónica. El tedio de la vida general se ve roto en la novela con la inesperada muerte de una joven ahogada en el río.

-Novela social (realismo social): se centra en los problemas y conflictos sociales. Tiene una fuerte carga ideológica. Destacan Jesús Fernández Santos (Los bravos, 1954: describe la vida difícil de un pequeño pueblo leonés), Juan García Hortelano (Nuevas amistades, 1959: describe la vida abúlica de la juventud universitaria); José Manuel Caballero Bonald (Dos días de septiembre, 1962, sobre el trabajo en los viñedos andaluces), entre otros.

381101En los años cincuenta, también se cultivan otras tendencias narrativas: libros de viajes y relatos cortos o cuentos (ejemplo de este último caso es Ignacio Aldecoa). Apartado de la estética realista se encuentra la obra del escritor gallego Álvaro Cunqueiro (Merlín y familia; Las crónicas del sochantre). En sus novelas y relatos breves, se deforma el espacio y el tiempo y predomina lo fantástico y lo mágico.

4. LA NOVELA DESDE EL 62 AL 75.

En los años sesenta, se produjo en España un desarrollo económico acompañado de una cierta liberalización social. Se elaboraron los llamados Planes de Desarrollo, se fomentó el turismo, se aprobó la Ley de Prensa de 1966, que suprimía la censura previa para los periódicos.

Goytisolo_gLiterariamente, durante la década de los sesenta no se pierde la novela comprometida socialmente, aunque ya desde los últimos años de la década de los cincuenta se detecta un cierto agotamiento de esta tendencia y una clara evolución hacia la experimentación y la renovación. Autores como Luis Goytisolo o Juan Goytisolo constituyen la avanzadilla de las nuevas tendencias.

Además, los escritores españoles se dejan influir por los autores europeos (Proust, Kafka, Joyce), norteamericanos (Faulkner, Dos Passos) o latinoamericanos (Vargas Llosa, Cortázar, García Márquez), de manera que las novelas pasan a ser más complejas y experimentales, quizás dirigidas a un lector con mejor preparación intelectual que en los años cincuenta. Las novedades no afectan sólo al argumento o la estructura, también a la ortografía, ya que algunos autores suprimen los signos de puntuación, o los párrafos y es frecuente que se mezclen los géneros. Ya no se pretende sólo denunciar la situación social, sino que también se persigue la belleza formal, es decir, que la novela constituya un producto bello en sí mismo. La experimentación contribuye a esta finalidad con la introducción de otros elementos, como el perspectivismo argumental o los continuos saltos hacia atrás o hacia delante en el argumento.

Dos novelas son consideradas los modelos de las nuevas tendencias: Tiempo de silencio (1962), de Luis Martín Santos; y Señas de identidad (1966), de Juan Goytisolo.

La tendencia más experimental tiene su máximo representante en Juan Benet (Volverás a Región, 1968; recrea un espacio mítico, Región, en la que realidad y fantasía se mezclan para revelar la decadencia del ser humano y la sociedad española. Se relata sin orden cronológico mediante una sintaxis complejísima, que abunda en incisos, aclaraciones, digresiones, monólogos. Los personajes saltan de un lugar a otro sin que pueda determinarse su vinculación con un lugar concreto ni sus relaciones con los demás personajes).

Otros narradores que participan en esta tendencia son Juan Marsé (Últimas tardes con Teresa, 1966: sátira de la burguesía progresista catalana y de los estudiantes comprometidos de esos años); el mismo Cela (Oficio de tinieblas 5); Gonzalo Torrente Ballester (La saga/fuga de J.B., recrea un espacio mítico a lo largo de mil años) o Miguel Delibes (Cinco horas con Mario).

*    *    *
A partir de 1975, la narrativa se aleja del experimentalismo y del mero juego literario. Las novelas de hoy son deudoras en recursos y procedimientos técnicos tanto de la renovación narrativa de los sesenta como de las más variadas tradiciones novelísticas de nuestro siglo: novela negra, de aventuras… El inicio del nuevo giro lo marca La verdad sobre el caso Savolta (1975), de Eduardo Mendoza.

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